A Ministry of the School of Theology and Christian Ministry—Olivet Nazarene University

John W. Hall

RELACIONES INTERCULTURALES A LA LUZ DE LA BIBLIA

 

"Somos uno en Cristo, somos uno; somos uno, uno solo", palabras de una alabanza que cantamos en las iglesias evangélicas.  Nos saludamos, especialmente si no hemos aprendido el nombre de alguien, como «hermano» o «hermana».  Queremos enfatizar la unidad del cuerpo de Cristo aun cuando, a veces, no volvamos a relacionarnos hasta la próxima reunión en la iglesia.  De todos modos, queremos sentir que todos somos iguales ante Cristo, que las diferencias sociales o culturales no existen o no importan.  Claro, todos tenemos que relacionarnos con gente que no tiene nuestro mismo sentir, ni nos trata como a iguales.  De lo contrario, si pertenecemos a otro grupo socio-cultural, frequente­mente nos presionan o evaden o en el mejor de los casos, nos tratan como a «diferentes». 


Hay quienes imaginan que la existencia de la diversidad humana es resultado de la caída.  El pecado es la razón por la que hablamos diferentes idiomas, la rebelión de la humanidad es la razón por la cual tenemos costumbres y maneras diferentes de pensar.  "Si no fuera por Adán y Eva" todos seríamos iguales.  ¡Qué aburrido, insípido y monótono sería el mundo si no hubiese la diversidad cultural!  Nunca, deberíamos pensar así de Dios, ni de su creación.  La Biblia nos revela a un Dios tan maravilloso y de tan variado gusto que crea un universo utilizando todos los colores, sabores, sentidos, sonidos y toda la gama de posibilidades humanas.  En nuestro acercamiento al texto sagrado, descubrire­mos que a Dios, el diseñador, le place la diversidad cultural humana.

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