Los desafíos en el Nuevo Año

En la Biblia encontramos relatos que nos ubican en momentos decisivos en el peregrinaje del pueblo de Dios. Momentos en los que un gesto, una frase o una acción determinada, marcaron un antes y un después en la vida de una comunidad de fe que marchaba decidida en el cumplimiento del propósito de Dios. El relato que encontramos en Josué 14, es uno de ellos y se ubica en un contexto muy particular. Para el tiempo en que se da el diálogo registrado, hacía ya cuarenta y cinco años que Moisés había seleccionado a un grupo representativo de las tribus de Israel para que hicieran un reconocimiento de la tierra prometida (1). Caleb, como miembro de ese grupo de espías comisionado por Moisés, fue parte de la minoría que creyó que podían ingresar a aquella tierra (prometida, además, por Dios) y conquistarla, pero sus votos no fueron suficientes. El pueblo se desanimó por la versión que trajeron los otros espías. (2)
Ahora, cuarenta y cinco años después, Moisés había sido remplazado por Josué, uno de los que informó favorablemente sobre la conquista. Un día, Caleb llegó ante Josué y le dijo: «¡Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día. Tú mismo oíste entonces que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Si Jehová está conmigo, los expulsaré, como Jehová ha dicho.» (3)





