A Ministry of the School of Theology and Christian Ministry—Olivet Nazarene University
Pulso Hispano
La iglesia ministrando en medio de la encrucijada cultural
1/04/10

AÑO NUEVO: NUEVA OPORTUNIDAD PARA ALABAR A DIOS

La llegada de un nuevo año, normalmente produce en las personas una sensación de nueva oportunidad, un sentido de nuevo aliento para comenzar otra vez. Es muy probable que, después de las «celebraciones del año nuevo», como suelen llamárseles, muchos hayan perdido rápidamente el encanto de empezar una nueva etapa. Intuyen que, discursos y frases aparte, la verdad de las cosas es que todo sigue igual o peor. ¿Hay razones para la renovada alabanza a Dios, al empezar este nuevo año? Teniendo en cuenta las complicadas circunstancias en medio de las cuales desarrollamos nuestros ministerios ¿debemos tener una actitud de alabanza constante en nuestra vida? ¿Vale la pena celebrar y mirar con expectativa este nuevo trecho del camino de servicio ministerial que la iglesia tiene por delante?

En la Biblia, tenemos el libro de los Salmos, que recopila una serie de cánticos que el pueblo de Israel usaba para expresar su fe e iluminar sus vivencias como pueblo de Dios. En ese proceso, el pueblo del pacto fue, también, forjando mucho de su teología. Como se ha señalado con frecuencia, cantamos lo que creemos y, finalmente, creemos lo que cantamos. En este libro, encontramos el Salmo 33 que, ante todo, es una exhortación a alabar constantemente a Dios: "Aclamen al Señor, hombres buenos; en labios de los buenos, la alabanza es hermosa. Den gracias al Señor al son del arpa, cántenle himnos con música de salterio, cántenle un nuevo canto, ¡toquen con arte al aclamarlo!" [33: 1-3, versión Dios Habla Hoy (DHH)].

¿Por qué el autor de este salmo insiste en que, siempre, debemos alabar a Dios y cantarle un cántico nuevo? ¿Será posible, al empezar un nuevo año, que tengamos razones para alabar con sinceridad, aún en medio de la incertidumbre y lo desconocido del camino que tenemos delante? Por supuesto que hay razones suficientes para empezar este nuevo año con un sentido de vigorosa alabanza y reverente devoción. Reflexionemos, junto con el salmista, en las razones que deben impulsar nuestra alabanza al inicio de este nuevo año:

Debemos alabar jubilosamente a Dios porque la veracidad de su palabra es inalterable.
Seguramente, el temor que embarga a muchos, se deriva del hecho de que, año tras año, por esto mismos días,  escuchan a amigos, compañeros, familiares, vecinos, etc., hacer promesas sobre varios aspectos de su vida y, al final, el resultado es el mismo: los proyectos se olvidan, los buenos propósitos se archivan, la rutina vuelve a ganar la batalla y, todo sigue igual.

Más allá del plano personal, la situación se muestra igual. Las expectativas sociales, políticas y económicas se mueven al vaivén de las promesas que los líderes de los diferentes sectores realizan pero que, al poco tiempo, se estrellan contra las «realidades» de los intereses hegemónicos que truncan cualquier propuesta de cambio que mine sus respectivas hegemonías o privilegios.


A diferencia de esta situación frustrante, el salmista nos recuerda: "La palabra del Señor es verdadera; sus obras demuestran su fidelidad. El Señor ama lo justo y lo recto; ¡Su amor llena toda la tierra!" (Sal. 33:4-5, versión DHH). Esta afirmación, de que la palabra del Señor es verdadera, enfoca en el hecho de que aquello que él ha hablado o revelado, está coherentemente respaldado por la historia en medio de la cual el pueblo de Dios ha debido transitar y, vez tras vez, ha quedado indeleblemente demostrado que Dios no ha faltado a su palabra.

En medio de la crisis que vive nuestro mundo hoy, sumergidos como estamos en un ambiente de inestabilidad generalizada, familiarizados como nunca con la fragilidad de los vaticinios económicos, políticos y sociales, nos viene bien aferrarnos al hecho de que, por el testimonio de la historia misma, hay una palabra que sigue siendo verdadera y esa palabra es la del único Dios, revelado en Jesucristo, y del cual la Biblia nos da cuenta por la iluminación del Espíritu. Por ello, en el Salmo 19:8, se recalca: "Los preceptos del Señor son justos, porque traen alegría al corazón. El mandamiento del Señor es puro y llena los ojos de luz" (DHH). Esta luz es la que necesitamos para iluminar el camino de este nuevo año, tan enigmático como desafiante. Por ello, vale la pena alabar al Señor con júbilo.

Debemos cantar a Dios con júbilo porque su palabra tiene poder.
El salmista, al exhortarnos a alabar jubilosamente al único Dios verdadero, resalta el poder de su palabra cuando afirma: "Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, por el soplo de su boca todos los astros. El junta y almacena las aguas del mar profundo. Honren al Señor todos en la tierra; ¡hónrenlo todos los habitantes del mundo! Pues él habló, y todo fue hecho; él ordenó, y todo quedó firme" (Sal. 33: 6-9, DHH).

La deducción es muy apropiada. Si Dios, por medio de su palabra, pudo traer a existencia lo que no existía. Si, además, por esa misma palabra, él puede sustentar el universo todo, ¿cómo no podrá, su palabra, guiarnos victoriosamente a través del camino nuevo que constituye el año que estamos iniciando? No hay duda de que lo primero que viene a nuestra mente, son los desafíos que están pendientes de afrontar. Los que ministramos en el contexto de los Estados Unidos y Canadá, al frente de ministerios locales, distritales o regionales, sabemos muy bien lo que significa la palabra «reto». Junto a esto, somos conscientes, también, de lo frustrante que significa hacer un inventario de los «recursos» que son necesarios para hacer frente a esos retos que, cual gigantes, se muestran delante de nosotros con posturas amenazantes. No obstante, la palabra nos recuerda que la gran diferencia la hace nuestra confianza en y nuestra obediencia a la palabra de Dios. Asegurémonos pues que, en este nuevo año, nuestra vida esté sujeta a esa palabra que es la única que tiene poder para hacer frente a toda circunstancia porque está garantizada por el único Dios verdadero y digno de toda alabanza personal, familiar y congregacional.

Debemos alabar a Dios con júbilo porque su cuidado es permanente.
Los temores y las dudas se disipan, cuando tenemos la convicción firme en nuestro corazón, de que, más allá de nuestras habilidades y recursos, está la mano de Dios, providente y vigilante para cumplir su propósito en nuestra vida. El salmista afirma: "Pero el Señor cuida siempre de quienes lo honran y confían en su amor, para salvarlos de la muerte y darles vida en épocas de hambre. Nosotros confiamos en el Señor, ¡él nos ayuda y nos protege!" (Salmo 33:18-20, DHH).

Hay una promesa aquí que resulta particularmente apropiada para tiempos turbulentos como los que nos toca vivir. Si, como se ha expresado, el rasgo característico de la sociedad contemporánea es el temor y la ansiedad, producidos por la crisis profunda que golpea a todas las instancias del estilo de vida actual, entonces, esta palabra del salmista es la que necesitamos escuchar hoy: "¡él (Dios) nos ayuda y nos protege!". 

Sin embargo, no debemos pasar por alto, la condición muy importante que menciona la escritura para que este cuidado de Dios se haga realidad: él protege a quienes lo honran y confían en su amor. Esta afirmación lleva implícita la idea del compromiso radical que debe marcar la vida de aquellos y aquellas que se dicen ser discípulos de Jesucristo. Una y otra vez notamos que, la alabanza en el contexto de la escritura, no implica solamente un ejercicio de vocalización o expresión limitadamente emocional sino que, por el contrario, la alabanza bíblica al ser inconfundiblemente testimonial, debe expresar el peregrinaje de nuestra sujeción a las demandas del Señor y nuestra confianza en las promesas que están ligadas a esa obediencia. Por eso es que, al terminar este cántico, el salmista prorrumpe en un estallido de alabanza que afirma la seguridad en medio de la tormenta: "Nosotros aguardamos al Señor que es nuestro auxilio y escudo; lo festeja nuestro corazón y en su santo Nombre confiamos. Que tu amor nos acompañe, Señor, como lo esperamos de ti" (Sal. 33; 20-22, versión Biblia del Peregrino).

¿Cuál es tu percepción de la situación al empezar a transitar en este nuevo año? ¿Hay alabanza jubilosa a Dios? O ¿Hay temores, dudas y frustraciones que no te permiten alabar con libertad? Al empezar este nuevo trecho en nuestro peregrinaje de servicio al Señor, debemos premunirnos de esperanza sabiendo que no estamos solos, nuestro Dios está con nosotros. Hoy más que nunca, se hace necesario pronunciar con solemne sonoridad, aquella que brota de lo más profundo de nuestro ser cuando nos asimos de la mano de Dios, esa alabanza que, en ritmo de tango, nos viene desde la sufriente y al mismo tiempo esperanzadora tierra latinoamericana:

Porque él entró en el mundo y en la historia,
Porque él quebró el silencio y la agonía,
Porque llenó la tierra de su gloria,
Porque fue luz en nuestra noche fría,
Porque él nació en un pesebre oscuro,
Porque él vivió sembrando amor y vida,
Porque partió los corazones duros
Y levantó las manos abatidas.
Por eso es que hoy tenemos esperanza,
Por eso es que hoy luchamos con porfía,
Por eso es que hoy miramos con confianza
El porvenir en esta tierra mía.
Por eso es que hoy tenemos esperanza,
Por eso es que hoy luchamos con porfía,
Por eso es que hoy miramos con confianza
El porvenir. (1)

Sí, el panorama social, político y económico no pinta nada agradable ni prometedor. Pero nuestra fe en Jesucristo y nuestro compromiso con la obediencia a su palabra, nos dan la fuerza suficiente para seguir ministrando con esperanza, porfía y confianza, seguros de que el porvenir ya es nuestro en Cristo Jesús.  Al empezar el nuevo año, entonces, ¡alabemos jubilosamente a nuestro Dios!

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Referencia

1.       Pagura, F.P. "Tenemos esperanza". En: VVAA, Celebremos Juntos (San José: Ediciones SEBILA, 1989), 93.

 

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

1.       ¿De acuerdo con lo planteado por el autor, son consistentes las razones expuestas con el fundamento bíblico analizado?

Siguiendo el tenor del salmo reflexionado, ¿tiene sentido la alabanza cristiana en un contexto de adversidad e incertidumbre? ¿Qué otras razones esgrimiría usted y cómo lo fundamentaría?

Perfil del autor

Wilfredo Canales, peruano, es presbítero de la Iglesia del Nazareno. Actualmente, es el Coordinador del Programa Hispano de Maestría en Ministerio en Olivet Nazarene University donde, al mismo tiempo, es profesor asociado en el College of Arts and Sciences. Además, es Presidente del Centro de Estudios Pastorales, CEP, de la Iglesia del Nazareno, en Chicago, un proyecto de educación ministerial que sirve a la región Norcentral de EEUU. También, funge como Editor de la Revista "Reflexiones Ministeriales". Previamente, sirvió en el ministerio pastoral, la superintendencia de distrito, las comunicaciones y la educación teológica en América Latina, como misionero de la Iglesia del Nazareno. Ha publicado artículos en importantes revistas teológicas y pastorales de Latinoamérica y ha participado como expositor en consultas y congresos evangélicos del continente. Él y su esposa Ada, tiene dos hijos, Marcos (pastor nazareno en Los Ángeles, CA) y Esteban (estudiante en Olivet). Reside en Bourbonnais, IL.