Direcciones para la Santidad

En la "Batalla de las Ardenas" (Battle of the Bulge), durante la Segunda Guerra Mundial, una de las estrategias de contraataque del ejército alemán fue la desorientación. Los soldados alemanes se deslizaron detrás de las líneas aliadas y cambiaron los letreros del camino. Este sencillo sabotaje creó confusión ya que las tropas aliadas y las unidades de apoyo tomaron la dirección equivocada, terminando donde no querían estar. Desentrañar estos líos confundió la respuesta de los aliados al avance del ejército alemán, poniéndolos en mayor riesgo. Es clave prestar atención a las direcciones.
En la conversación con respecto a la santidad, a veces nos sentimos inseguros de nuestra dirección. Me parece que a veces utilizamos un lenguaje - o hacemos suposiciones de lenguaje - que no son precisas. Quizás nos ponemos de acuerdo, pensando que estamos diciendo la misma cosa cuando, de hecho, estamos hablando de cosas totalmente diferentes. O quizás no estamos de acuerdo, pensando que estamos hablando de cosas muy diferentes, cuando en verdad, queremos decir lo mismo. Para la comunicación y el intercambio eficaz, en primer lugar, necesitamos asegurarnos de que asignamos significados semejantes a las mismas cosas cuando utilizamos un lenguaje común. Tal vez no se resuelvan todas nuestras diferencias, pero nos ayudará a enfocarnos en las que realmente importan.
Quisiera considerar tres ‘letreros' direccionales que, sospecho, no siempre están claros en nuestras conversaciones sobre la santidad.
1) Nuestra Comprensión Distintiva de la Santidad
Como tradición hemos estado experimentando dolores de crecimiento, dejando de ser un movimiento ‘adolescente' para descubrir el mundo más allá de nuestros linderos. Lo aplaudo y celebro. Tengo suficientes años para recordar un frecuente sectarismo insano que tendía a descristianizar a los demás para afirmar nuestro lugar en la historia de Dios. Hemos descubierto que no somos los únicos que se interesan en la santidad. Hemos tenido que renunciar a la expectativa de un lugar privilegiado cerca de la "Puerta Oriental" con asientos de primera fila en el Reino del Cielo.
Por útil que nos haya sido esto, también nos ha creado algunos problemas. Estamos confusos con respecto a lo que traemos o aportamos a la Iglesia universal. Si la santidad no es ‘nuestro' mensaje, ¿de qué trata lo nuestro? Una respuesta a esa pregunta ha sido reconocer la centralidad de la idea de la santidad en la tradición cristiana más amplia. Esto nos permite celebrar la realidad de que cuando predicamos y enseñamos la santidad estamos haciendo eco del corazón de la fe cristiana a través del tiempo, del espacio, y de las tradiciones. Esas son buenas noticias.
El problema viene cuando intentamos clarificar qué es lo que dentro de la santidad nos ha formado distintivamente. El Manifiesto de la Santidad es un buen ejemplo. Por tres años, representantes de diez denominaciones de santidad se reunieron, en parte para re-articular la herencia única del movimiento de Santidad. El Manifiesto de la Santidad, que fue el producto de sus esfuerzos, articula positiva y constructivamente la santidad. Es decir que el Manifiesto de la Santidad articula una comprensión de la santidad que prácticamente cualquier tradición de la fe cristiana puede afirmar.
En un sentido celebro eso. Pero falla en articular la herencia única o distintiva del movimiento de santidad. Entonces, aquí hay una clarificación que quisiera sugerir. La contribución distintiva del movimiento wesleyano de santidad no ha sido una definición distinta de lo que es la santidad. No tenemos nuestra propia "marca" de la santidad. Lo que el movimiento Wesleyano de la santidad distintivamente ha traído a la "conversación" no ha sido lo que la santidad es, sino la expectativa radicalmente optimista de su posibilidad. El optimismo audaz de nuestra tradición ha sostenido que la transformación radical a la vida de santidad de verdad es posible en esta vida. Esa expectativa audaz que definió nuestra comprensión y experiencia de la completa posibilidad de la entera santificación fue el toque final de esta expectativa.
Por eso la idea de la transformación radical es tan prevalente en nuestra tradición. Creemos que estas ideas sobre la santidad - realmente universales en la tradición cristiana- describen las realidades que Dios puede producir en nuestras vidas. Creemos que la realidad (no la definición) de la santidad puede "capturarnos", por la obra del Espíritu Santo, creando esta nueva realidad en nuestras vidas.
2) La Santidad y el Amor
Hemos redescubierto el amor. Somos llamados a amar a Dios y amarnos el uno al otro. La santidad es el amor que expulsa al pecado, amor para el extranjero, amor como gracia y misericordia. El legalismo ha sido expulsado. Dios es amor.
Me alegro. Vi demasiado legalismo y "santidad" sin amor como para preguntarme si la santidad sería algo que aún desearía. Debemos ser un pueblo que ama.
Pero ¿qué queremos decir? Hay por lo menos dos diferentes maneras sobre las cuales hablamos respecto a la santidad y el amor. Cuando nos ponemos de acuerdo respecto al amor, quizás lleguemos a estar de acuerdo en algo diferente de lo que queremos decir.
Una manera de hablar sobre el amor es hablar acerca de ser amoroso. Quiere decir considerar el amor como una manera de relacionarnos con otros, un tipo de conducta. La pregunta clave es "¿estoy siendo amoroso?" Contestamos esa pregunta al considerar nuestras actitudes, acciones o conductas para evaluar el carácter de ellas como amorosas. Estamos obligados a considerar- o crear - estándares por medio de los cuales podemos medir nuestro amor. Por ejemplo, un estándar es considerar si nuestras acciones hacia otros elevan o producen un "florecer" que es un concepto filosófico que define la salud. Otro estándar podría preocuparse en ser amable, una conducta de benevolencia social. Un tercero consideraría conceder significancia que es una redefinición socio-política. Eso no quiere decir que la conversación no es explícitamente cristiana. Jesús llega a ser un modelo útil, hasta ejemplar, de amar. Sin embargo, el asunto clave es mi expresión o acción apropiada. ¿Cómo estoy amando?
Tradicionalmente - en la larga discusión de la iglesia - el amor ha sido considerado una cuestión de dirección, la manera en la que nuestras relaciones son orientadas. En primer lugar, amar correctamente ha sido, amar a Dios. Esto supone que nuestro problema fundamental no es "cómo" amamos sino "a quién" o "qué" amamos más, por encima de todo. Somos creados para amar a Dios en una relación primordial de amor. Cuando amamos a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza podemos amar correctamente a otros. Pero solo entonces. Esta relación primaria desordenada es el problema humano fundamental - que luego afecta otras relaciones como con la sociedad humana y aún hacia el mundo natural.
Amar a Dios primero no es solamente una cuestión de prioridad. Define el carácter del amor. El amor es formado y determinado por la obediencia a la voluntad de Dios y en conformidad con su carácter. Significa estar en armonía con la vida y los valores de su Reino.
Nuestra comprensión de esta "dirección" determina el llamado fundamental del amor. ¿Tiene que ver con ser amoroso, un tipo de conducta y manera de relacionarse? ¿O tiene que ver con nuestra necesidad fundamental de una relación restaurada con Dios como el enfoque primario de nuestro amor, el centro determinante de nuestra identidad?
3) La Santidad y el Concepto de la "Segundez"
Nuestras discusiones con respecto a la santidad inevitablemente se dirigen a la cuestión de la "segundez." Y aquí muchas veces estamos plagados por la desorientación. Ya que hay muchos asuntos referentes al concepto de la "segundez", déjenme sugerir una clarificación. Deberíamos comprender la distinción de la "segundez" como una normativa teológica más que una normativa experiencial. Cuando afirmamos que esto es una normativa teológica estamos diciendo que esto es lo que ocurre en una jornada espiritual. Esto es lo que hace Dios y lo que ocurre en nosotros. Cuando afirmamos que algo es una normativa experiencial estamos diciendo que así es como esto ocurre, como lo experimentamos.
Esta distinción es verdadera para otros aspectos del proceso de la salvación. Por ejemplo, afirmamos que cada persona es receptora de la gracia preveniente de Dios. Esta es una base principal de la teología wesleyana. La afirmamos como una realidad teológica universal. Pero no se trata de que cada persona diga que había experimentado la gracia preveniente. Ni que cada persona hubiera reconocido que lo que estaba ocurriendo en su vida fue resultado de la gracia preveniente. De hecho, la mayoría solo podrían reconocer y comprender esto después del hecho. La realidad teológica o espiritual es universal pero la percepción propia de la experiencia es incierta.
Cuando confundimos éstas, creamos problemas para nosotros mismos. La gente escucha un evangelio que dice que tiene que tener cierto tipo de experiencia que ocurre de manera particular. Puede sentirse frustrada ya que su propia experiencia es diferente - emocional o contextualmente. O, tal vez no interpreta su experiencia de la misma manera. De allí a suponer que "la segundez" tampoco es verdad como realidad teológica o espiritual, no hay más que un paso. Es significativo que Wesley estuvo dispuesto a permitir que la cuestión de la experiencia quedase abierta, pero fue tajante en llamarnos a la realidad espiritual que él definió teológicamente.
En realidad la pregunta clave sobre "la segundez" realmente no es si la experimentamos de cierta manera o si siempre la comprendemos en cuanto ocurra. La pregunta clave debe ser, "¿Así obra Dios? Esta realidad - definida teológicamente - ¿es lo que Dios desea hacer en mi vida?, ¿en cada vida?" Si es así, funciona como mapa de guía espiritual de la obra deseada de Dios en vez de un estándar experiencial contra la cual medimos la percepción propia de nuestra experiencia.
Conclusión
Esta es, por supuesto, una conversación. No supongo que he resuelto estos asuntos en este corto artículo. Tengo esperanza que esto nos anime a considerar con más cuidado los significados que asumimos. Podemos elegir estar de acuerdo o no, seguir estas direcciones u otras - pero por lo menos debemos estar claros respecto a en qué dirección nos dirigimos. Porque la dirección importa.
Carl Leth es Profesor de Teología y Decano de la Escuela de Teología y Ministerio Cristiano en la Universidad Nazarena Olivet. Se graduó de la Universidad Duke donde completó su Doctorado en Teología Histórica enfocada en el estudio de la Edad Media Tardía y la Reforma. Su enseñanza se enfoca en la teología, la época de la Reforma, San Agustín y la Adoración.
Antes de venir a Olivet en 2003, sirvió 23 años como pastor en Kaiserlautern, Alemania; en Raleigh, Carolina del Norte y en Detroit, Michigan. Ha escrito un libro, Un Encuentro Santo, ha contribuido a 13 otros libros y ha sido publicado en numerosas revistas especializadas. Sus proyectos actuales incluyen la santidad como escatología inaugurada, una respuesta cristiana a la homosexualidad y la santidad eclesiástica en práctica.
El y su esposa Nancy, viven en el sector histórico de la ciudad Kankakee, Illinois, en una casa de un siglo de antigüedad que han estado renovando. Tienen seis hijos, incluyendo cuatro hermanos de Haití que adoptaron en 2004. Su casa está perpetuamente activa y es una prueba viviente para las afirmaciones de la santidad. El jurado continúa deliberando.
Dra. Bárbara Martínez es Profesora de Español en la Universidad Nazarena Mount Vernon. Ella tiene grados de la Universidad de Akron, la Universidad John Carroll y la Universidad Nazarene Southern. Muchísimas gracias a ella para traducir este artículo.