A Ministry of the School of Theology and Christian Ministry—Olivet Nazarene University

Pulso Hispano

El cuidado pastoral y la formación espiritual a los líderes en el pueblo de Dios: Algunos ejemplos del Antiguo Testamento

 

El cuidado pastoral y la formación espiritual de las personas que están en el ministerio son importantes y urgentes. Ambas categorías (cuidado pastoral y formación espiritual) parecieran describir realidades contemporáneas y especializadas, pero tienen antecedentes que se ubican muy temprano en las escrituras. Reseñaremos algunos ejemplos muy ilustrativos extraídos del Antiguo Testamento con el fin de derivar algunas pautas que puedan ser úitles para nuestro tiempo y circunstancia.

Dios como pastor de un pueblo comisionado

Sin duda la primera referencia a una actividad pastoral se refleja en la relación que Dios establece con Israel, como un pueblo llamado y comisionado por aquel. En el marco de esta relación, Dios aparece asumiendo el rol de líder y acompañante del pueblo de Israel. Esta doble relación se encarna perfectamente en la figura del «pastor».

Israel era consciente de que Dios lo había escogido para que, a través suyo, "todas la familias de la tierra sean benditas" (Génesis 12:3). Sin embargo, el cumplimiento de esa promesa implicó muchos desafíos. El pueblo escogido llegó a ser esclavo en Egipto por largo tiempo. Entonces,  Dios liberó a Israel de la esclavitud con grandes portentos, y lo constituyó como un reino de sacerdotes y nación santa (Éxodo 19:5-6). El mismo acto del llamado y constitución del pueblo en el éxodo es ya concebido en función de una terminología que proyecta la relación típica de un ambiente pastoril (Salmos 78:52).

Nunca se apartó de la mente y el corazón de Dios que el pueblo que Él escogió, debía ser cuidado de manera especial y entrenado para que cumpla el «mandato cultural» (Génesis 12:3). Dios cuidaba a Israel con ternura, "como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas" (Isaías 40:11).

Tristemente Israel le falló a Dios. Muy pronto se olvidó de que era una nación escogida y comisionada. Llegó el momento cuando el reino se dividió y, por la desobediencia e idolatría del pueblo, casi fue exterminado. Lo que quedó de Israel fue exiliado a Babilonia. Sin embargo, Dios continuó siendo el pastor de su pueblo. Así, la vuelta del exilio es descrita como una nueva reu­nión del pueblo disperso con su Pastor, y una nueva opor­tunidad para que Israel sea "luz a las naciones" (Isaías 42:5-9; 49:1-26; Zacarías 10:8-10; Miqueas 2:12; 4:6-7).

Es indudable el hecho de que Dios llamó a Israel para cumplir la tarea especial de llevar "bendición a todas las familias de la tierra". No solo lo llamó y comisionó sino que, además,  lo cuidó pastoralmente y lo formó espiritualmente equipándolo para el cumplimiento de esa comisión. Es el profeta Isaías quien nos presenta esta verdad de manera clara, profunda y conmovedora  (Isaías 49:1-7).

Con base en estas referencias, podemos decir que Dios fue el primero en dar atención pastoral y formar espiritualmente a un pueblo comisionado. Lo acompañó todo el tiempo, sin perder la esperanza de que éste pueda al fin estar listo para cumplir esa comisión.

Moisés como pastor de Josué

Al mismo tiempo que Dios pastoreó a un pueblo comisionado para una tarea de gran envergadura como "ser luz a las naciones", también pastoreó a Moisés para que cumpla una comisión enraizada en el gran propósito salvífico de Dios. Por otro lado, el primer personaje, además de Dios, a quien el Antiguo Testamento confiere el título de «pastor», con el significado de guía, protector y cuidador del pueblo, es Moisés, y así se reconoce en Isaías 63:11,14: "(Dios) se acordó de los días antiguos, de Moisés, su siervo. ¿Dónde está el que los sacó del mar, el pastor de su rebaño?". Y Josué sucedió a Moisés como pastor de Israel por expresa voluntad de Dios (Números 27:16-18).

Josué, en la época del éxodo, era joven aun (Ex. 33:11). Pero, desde ese entonces, Dios ya lo había llamado para acompañar a Moisés y para prepararlo como su sucesor, con una tarea clave en la vida de Israel: conquistar y poseer la tierra prometida. El sólo hecho de que Moisés lo eligiera como su ayudante personal y que le diera el mando de un destacamento de las tribus aun no organizadas para rechazar a los amalecitas (Ex. 17), indica que lo estaba acompañando, mientras se preparaba para servir a Señor.

Pasaron varios años en los que Moisés acompañó pastoralmente a Josué y lo formó espiritualmente. Para el tiempo en que fue nombrado como sucesor de Moisés, Josué tenía, probablemente, alrededor de 70 años. En este punto, su formación había avanzado, fue cuidado pastoralmente y era uno de los hombres más fieles de la Biblia. Cumplió su misión de manera plena y nunca se apartó de Dios. Todo eso se debió, en primer lugar, a la obra de la gracia de Dios, pero también al acompañamiento constante que Moisés realizó con él.

Uno de los versículos donde se percibe la función de pastor y de formador espiritual que cumplió Moisés ante Josué, dice: "Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas" (Josué 1:7).

De lo anterior se deduce que Moisés tomó el tiempo necesario para el cuidado y la guía a Josué bajo los mandamientos de Jehová. El resultado fue sorprendente, porque lo que dice el versículo citado anteriormente, se cumplió: Josué fue prosperado en todo lo que emprendió. Tuvo una relación espiritual profunda con Dios y aprendió a ser pastor como Moisés.

 David como pastor de Salomón

El que recibe más veces el título de «pastor» es el rey David.  El salmo 78 describe tanto sus orígenes pastoriles como el carácter pastoral de su reinado (vv. 70ss).

Aunque David, sin lugar a dudas, fue un verdadero pastor de Israel, pueblo que, como dijimos antes, tenía la tarea de ser "luz a las naciones", en esta sección deseamos resaltar el hecho del cuidado pastoral y la formación espiritual que desarrolló David para con su hijo Salomón. Aquel había prometido a Betsabé que Salomón sería su sucesor (1 R. 1:13, 17), sin embargo, la sucesión no fue anunciada oficialmente sino hasta después del intento de Adonías de proclamarse rey, por ser el mayor de los hijos sobrevivientes (2 S. 3:4; 1 R. 1:5-10, 24-27). En respuesta a las instancias de Natán y Betsabé, David intervino y mandó que Salomón fuese ungido y reconocido en el trono (1 R. 1:32-52). Salomón, una vez más, fue proclamado y ungido rey por David, formal y públicamente, poco antes de la muerte de éste. A estas alturas, Salomón tenía apenas veinte años (1 Cr. 28:1; 29:22; 1 R. 2:1-12; 3:7). David le dio instrucciones solemnes en cuanto a su trabajo como su sucesor y edificador del Templo.

Dios fue el primero en pastorear a Salomón; pero David, su padre, fue quien lo cuidó de manera pastoral y lo formó espiritualmente. Salomón estaba preparándose para una gran tarea: Servir a Dios, reinar al pueblo y edificar el templo. Mientras eso sucedía, su padre lo acompañó muy de cerca con su ejemplo, consejos y cuidado. La eficacia en el cumplimiento de la misión que Salomón tenía por delante, sin lugar a dudas, podríamos decir que se debió al ministerio pastoral de David.

Las repercusiones del trabajo de acompañamiento de David con Salomón se notaron inmediatamente cuando éste comenzó a reinar. Él no hubiese podido tener la osadía de pedir a Dios sabiduría si David no le hubiera enseñado de esa manera  (1 R. 3:3-14).

Dios y Salomón reconocen el ministerio y la vida de David. El pasaje dice que Salomón amó a Dios, siguiendo en los estatutos de su padre David. El referente inmediato y seguro para Salomón fue su padre. Aprendió de él a vivir en el temor de Dios y guardando sus mandamientos. Estuvo listo y preparado para reinar porque su padre le cuidó pastoralmente y lo formó espiritualmente. Ese no fue un trabajo de un día o dos, sino a lo largo de la vida.

Las cualidades espirituales que Salomón resalta de su padre David, son dignas de mencionar. Señala que David anduvo delante de Dios en verdad, en justicia y con rectitud de corazón. Estos atributos, sin duda los tiene solamente alguien que es un pastor genuino y que está en el centro de la voluntad de Dios. Salomón pudo reproducir lo que su padre le enseñó. El episodio del juicio de Salomón en el caso de las dos mujeres con un hijo (1 R. 3:16-28), deja de ver claramente que Dios le había otorgado sabiduría; pero también muestra que pudo cumplir un buen gobierno, porque alguien lo acompañó de cerca y lo pastoreó para que tenga ese resultado.

Otro pasaje bíblico clave, que nos permite apreciar el trabajo pastoral de David para con Salomón, mientras éste se preparaba para gobernar y para edificar el templo de Dios, reza de la siguiente manera:

"... Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre... Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario;... Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová... Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos... Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a ojos de todo Israel, y le dio tal gloria en su reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel" (1 Cr. 28:1 - 29:25).

David, hasta los últimos días de su vida, supo pastorear a su hijo en una manera extraordinaria. Tuvo suficiente autoridad para decir a su hijo que "reconozca al Dios de su padre". El Dios de David es como él mismo lo describe en 1Crónicas 29: 10-18. La sola vida de David era suficiente motivación para que Salomón cumpla bien su reinado y la tarea de edificar el templo. No podemos ni siquiera sospechar que David no haya realizado un trabajo pastoral tan profundo con su hijo Salomón. Las palabras de los versículos citados antes son tan claras y constituyen  suficiente argumento para enfatizar en esta verdad.

Al final de sus días, Salomón se alejó de Dios por seguir a los dioses de sus mujeres. Fue muy lamentable; sin embargo, podríamos decir que la influencia de su padre, siempre fue positiva. Lo que Salomón hizo al final de su vida fue porque se olvidó de los consejos de su padre David y en ese entonces no anduvo en los preceptos de Dios, tal como su padre le había enseñado. Pero, el impacto positivo de la vida de Salomón, a excepción de la última parte de su vida, quedará perennizado para la posteridad.

Israel recibió el encargo de ser "luz a las naciones". Josué recibió la misión de guiar al pueblo hacia la conquista y posesión de la tierra prometida. Salomón recibió la tarea de gobernar a Israel en un tiempo crucial y de edificar el templo en Jerusalén. En una u otra medida las tareas de estos protagonistas se cumplieron muy bien. Josué conquistó y repartió la tierra de Canaán. Salomón gobernó con gran sabiduría a Israel y terminó la construcción del majestuoso templo para la adoración a Dios. Esto no hubiera sido posible si Dios no hubiera cuidado y formado espiritualmente a Israel a través de su obra directa y la de sus caudillos. Tampoco hubiera sido posible si Moisés no hubiera hecho lo mismo y si, además, David no hubiera realizado un ministerio pastoral y de formación espiritual tan certero con su hijo Salomón.

En conclusión, los ejemplos que hemos reseñado panorámicamente, nos recuerdan que: a) Dios convoca y comisiona a un pueblo para cumplir su propósito redentor; b) El mismo Dios que convoca y comisiona, también acompaña a su pueblo en el trayecto signado por su propósito; c) En el contexto de ese llamado, encargo y acompañamiento que Dios hace a su pueblo, deben construirse relaciones interpersonales de pastoreo y formación espiritual entre los líderes de ese pueblo, de manera que la comisión sea cumplida y Dios sea honrado en su propósito reconciliador. Las relaciones de cuidado pastoral y formación espiritual entre líderes del pueblo de Dios, deben estar marcadas no solo por experiencias de instrucción formal sino, sobre todo, por la dinámica del modelaje o ejemplo de vida que encarne los valores y estilos que demanda Dios que convoca, envía y acompaña a su pueblo. Estas son demandas muy pertinentes en el contexto contemporáneo y haríamos bien en retomarlas para beneficio de nuestro servicio al Señor en el marco de los ministerios en los que estamos.

 

Preguntas para la reflexión y el diálogo

  1. ¿En qué medida nuestra relación de cuidado pastoral y formación espiritual a los líderes que tenemos bajo nuestra responsabilidad debe reflejar nuestra comprensión de Dios y su relación con el pueblo del pacto?
  2. La relación de Moisés con Josué y la de David con Salomón, ¿desde qué punto de vista pueden ser paradigmáticas o modelos de nuestra relación con los líderes que estamos formando en nuestros respectivos ministerios?
  3. ¿Hay algunos desafíos actuales que necesitarían otros modelos mencionados en la Escritura? ¿Cuáles son esos desafíos y cuáles serían esos modelos?
 

Related Articles