Una breve defensa del bautismo de infantes
Para que no quepa ninguna duda, debo decir que Debi y yo bautizamos a nuestros tres hijos cuando eran niños. Lukas, Ryan y Daniel fueron bautizados por su abuelo, un presbítero nazareno. Recuerdo claramente cada ocasión y la motivación para lo que, en aquella época, fue una práctica relativamente poco frecuente. Deseábamos que nuestros niños, como niños, recibieran la señal del pacto de la aceptación de Dios para ellos. Siempre hemos esperado que nuestros niños tuvieran testimonios aburridos - esto significa que, nunca deseamos que ellos tuvieran un testimonio dramático de ser salvados de la profundidad del pecado. Nuestra intención fue criar a nuestros hijos en la fe, de manera que ellos nunca recordaran un tiempo cuando no hubieran estado dentro de ella. Por último, queríamos que ellos supieran que Dios les había dado la bienvenida a su reino aún antes de que ellos pudieran recordar, y el bautismo fue la señal de esa aceptación.
El ritual que usamos para esos bautismos fue el que hallamos en el Manual de la Iglesia del Nazareno. Es una característica interesante de nuestra denominación que, desde el principio, hemos tenido una tradición plural para los bautismos. Esta es una consecuencia de las fusiones de los grupos independientes de la tradición de santidad que tuvieron prácticas y creencias diferentes sobre el bautismo.1 Así que, se ha reconocido, generalmente que, ambas formas de bautismo (de infantes y de creyentes) son apropiadas.
El ritual para el bautismo de los infantes o bebés en el Manual de la Iglesia del Nazareno provee la justificación teológica para la práctica. Dice:
Muy amados: Aun cuando no sostenemos que el bautismo imparte la gracia regeneradora de Dios, creemos que Cristo dio este sacramento santo como una señal y sello del nuevo pacto. El bautismo cristiano significa para este(a) niño(a) la aceptación de gracia de parte de Dios sobre la base de su gracia preveniente en Cristo, y señala hacia la apropiación personal que el niño (la niña) hará de los beneficios de la expiación cuando llegue a la edad de responsabilidad moral y ejercite una consciente fe salvadora en Cristo.
Al presentar a este(a) niño(a) para el bautismo, estáis testificando de vuestra propia fe personal cristiana y de vuestro propósito de guiarle en su vida temprana al conocimiento de Cristo como Salvador. Para lograr este fin, será vuestro deber enseñarle, tan pronto como él (ella) pueda comprender, la naturaleza y propósito de este santo sacramento; vigilar su educación para que no se extravíe; dirigir sus pies al templo; refrenarlo(a) en cuanto a malas compañías y costumbres; y hasta donde sea posible, criarlo(a) en las enseñanzas y amonestaciones del Señor.
La primera oración es significativa. La Iglesia del Nazareno no cree que el ritual de bautismo imparta la gracia regeneradora de Dios, ni a los infantes ni a los adultos. Los nazarenos entienden el bautismo, según el Manual, como una "señal y sello" del nuevo pacto. En otras palabras, el bautismo no es una señal de nosotros a Dios, como si fuera un testimonio personal que indicara nuestra intención a seguir a Cristo; más bien es una señal de Dios que nos indica o señala su aceptación de nosotros. En verdad, Dios no necesita tales señales porque Él conoce nuestros corazones mejor que nosotros. No obstante, los humanos, falibles y olvidadizos, necesitan estas señales de la promesa de Dios. Así como la circuncisión fue la señal acreditadora de la promesa del antiguo pacto para los judíos, el bautismo infantil es la señal acreditadora y el sello del nuevo pacto para los cristianos.
La segunda oración del ritual también es significativa. La razón por la que la Iglesia del Nazareno cree que el bautismo es apropiado para los infantes quienes, en este ritual, no indican su compromiso con Dios, es debido a la gracia preveniente de Dios. La gracia preveniente es gracia que recibimos antes de un compromiso con Dios. Es la que habilita a las personas a para buscar a Dios en primer lugar. Sin la gracia preveniente de Dios, jamás nadie tendría conocimiento de su gracia salvadora. En la tradición wesleyana de la santidad, el bautismo infantil es un sacramento de la gracia preveniente de Dios. Sin embargo, el bautismo infantil no significa que una persona joven está exceptuada de hacer un compromiso personal con Cristo cuando se da cuenta de la necesidad de hacerlo. Cuando una persona que ha sido bautizada como infante llega a la fe, su bautismo infantil no es negado o reemplazado, sino confirmado. Su bautismo ha fructificado.
El segundo párrafo del ritual es igualmente importante porque enfatiza que los padres tienen la responsabilidad de enseñar a su hijo(a) sobre el bautismo que el (la) niño(a) no puede recordar, y hacer todo lo que esté a su alcance para honrar el bautismo que ellos han provisto para su hijo(a). Cuando nuestros hijos crecían, cada vez que hubo un bautismo en la iglesia, aproveché la oportunidad para preguntarles si ellos habían sido bautizados. Ellos sabían la respuesta y siempre respondieron que sí. Les pregunté si ellos recordaban el momento y, por supuesto, respondieron que no. Entonces les pregunté qué significaba su bautismo y ellos respondieron que significaba que ellos habían sido aceptados en el reino de Dios, ¡aún como infantes! Esto ha sido tan significativo para ellos que ninguno ha querido a ser bautizado otra vez, como adulto, aunque son adultos jóvenes y cristianos profesantes. No sienten que necesitan una segunda señal de aceptación.
Esto indica que la señal del bautismo infantil no es algo insignificante. Las señales de los pactos son importantes. Por ejemplo, yo llevo un anillo de bodas. Obviamente, significa que estoy casado. El anillo por sí mismo no me hace una persona casada. Si no lo llevo, todavía estoy casado. Sin embargo, si yo le dijera a Debi que no quiero llevarlo, o si ella me dijera que no quiere llevar su anillo, sería alarmante y, probablemente, indicaría que nuestro matrimonio estaría en problemas. Así que, si bien el anillo no nos "hace" personas casadas, lo cierto es que el anillo no es insignificante para el matrimonio. El bautismo, tanto para el infante como para el adulto, es una señal del pacto que Dios ha hecho con nosotros y, así como el anillo de bodas es una señal significativa, lo es también el bautismo. En la iglesia primitiva, el sello de bautismo fue tan importante que cuando un cristiano sintió un severo ataque de Satán, el cristiano replicaría, "¡Pero he sido bautizado(a)!"
A estas alturas, algunos lectores alertas reconocerán que no se ha provisto alguna justificación bíblica para el bautismo infantil. Dado que el bautismo fue un mandato para todos los cristianos (ver Mateo 28:19-20) y que el libro de Hechos no registra a nadie llegando a la fe sin el bautismo, es verdad que no hay ninguna referencia específica sobre el bautismo infantil. Hay reportes de familias enteras siendo bautizadas (Hechos 16), por lo que algunos argumentan que es posible que hayan incluido a niños. Como quiera que sea, con ese reconocimiento, debe ser admitido que no existe prohibición para bautizar a infantes. Desde mi perspectiva, el argumento tanto para el bautismo infantil como para el de adultos está fuertemente edificado sobre terreno teológico.
La Iglesia del Nazareno, desde sus comienzos, ha tenido una tradición plural de bautismo. Hay algunos nazarenos que creen que no debemos bautizar a los infantes, y hay otros que creen que el bautismo infantil es necesario. A la luz de los fuertes argumentos que pueden esgrimirse para ambas formas de bautismo, creo que es un signo de fortaleza que la Iglesia del Nazareno permite las dos tradiciones teológicas.
[1] Ver el artículo de Stan Ingersoll en Wesleyan Theological Journal "Christian Baptism and The Earl Nazarenes: The Sources That Shaped A Pluralistic Baptimal Tradition." http://wesley.nnu.edu/wesleyan_theology/theojrnl/26-30/27.7.htm

Perfil del autor
El Dr. Mark R. Quanstrom, es Profesor de tiempo completo de teología y filosofía en la Escuela de Teología de la Universidad Nazarena Olivet. Él comenzó su tarea docente en esta universidad en el Otoño del 2005.
Antes de venir a Olivet, él fue pastor por 23 años de First Church of the Nazarene, en Belleville, Illinois. Paralelo a su ministerio pastoral, fue instructor de cursos online para Nazarene Bible College y profesor adjunto del European Nazarene College. También, fue Director de Illinois District School of Ministry y miembro de la Junta Consultora del Distrito Illinois.
Actualmente, es el Presidente de la Asociación de Ex-alumnos de la Universidad Nazarena Olivet.
El Dr. Quanstrom ostenta un Bachillerato de Artes de Olivet Nazarene University, una Maestría en Divinidades del Seminario Teológico Nazareno (Kansas City) y un Doctorado (Ph.D.) de la St. Louis University.
Su disertación doctoral fue publicada en el 2004 por Beacon Hill Press bajo el título "A Century of Holiness Theology" (Un Siglo de Teología de Santidad), la que es considerada un hito en las publicaciones de esa editorial.
Este artículo fue traducido por Melissa Fuhrmann, especialista de programas posgrados de religion en Olivet Nazarene University. Ella ostenta un Bachillerato de Artes de la Universidad de Evansville (IN) y una Maestría en Divinidades de Emory University (Atlanta).