A Ministry of the School of Theology and Christian Ministry—Olivet Nazarene University

Pulso Hispano

La influencia de la educación teológica en el ministerio

 

¿Cuál es el propósito de la educación teológica? Esta pregunta no es nueva. La pregunta es tan antigua como la  exhortación pastoral de 2 Timoteo 2:15.  Las respuestas a esta pregunta representan la gran diversidad de instituciones teológicas esparcidas alrededor del mundo. El tema que aludimos, apunta a una pregunta que cada esfera y generación de la Iglesia debe plantearse, ¿Cuál es el propósito e impacto del seminario, instituto o programa educativo en el crecimiento de la Iglesia? El historiador Timothy Weber, dirigiéndose a la Asociación de Escuelas Teológicas (ATS; por sus siglas en inglés), dice que esta es la pregunta más importante para las escuelas teológicas al repensar su misión. Evadirla amenaza seriamente no solo la relevancia e influencia de las escuelas teológicas sino también su sobrevivencia. La perspicacia de Weber nos confronta con el hecho de que la educación teológica tiene que examinar no solo su forma de educar en el último siglo sino, fundamentalmente, su pedagogía para las primeras décadas del presente siglo. Es por ello que los educadores/as religiosos tienen que hacer preguntas que provean nuevas directrices para la educación de la Iglesia.

Las preguntas tienen importancia. Las interrogantes que hacemos proveen el marco de referencia para nuestra identidad, nuestros proyectos, iniciativas y misión. Por lo tanto, es importante aclarar la pregunta que hacemos a los educadores, pastores y líderes denominacionales para asegurar que partimos de un esquema ético, bíblicamente sólido,  teológicamente competente y pertinente a los tiempos que vivimos. Cuando hablamos de la contribución de la educación teológica  al crecimiento de la iglesia quizá es más apropiado usar la palabra madurez. Los ministros y pedagogos del evangelio debemos tener cuidado de no cimentar nuestra misión en fundamentos utilitarios que hacen equivaler  números con salud. Por supuesto, el crecimiento numérico tiene su lugar. No obstante, cuando hablamos del crecimiento de la iglesia, en el ámbito pastoral y ético, nos referimos a la madurez, salud e integridad de la misma. Si es verdad que el propósito de la educación teológica es preparar obreras/os aprobados, nuestras preguntas deben reflejar un compromiso ético con el desarrollo integral de los ministros. Es decir, la educación teológica no tiene como principal meta preparar ministros exitosos de acuerdo a ciertas medidas utilitarias sino, más bien, desarrollar ministros maduros, saludables y competentes.

Al mismo tiempo, nuestras respuestas exponen los compromisos filosóficos y normativos de nuestras respectivas instituciones. En gran parte, los compromisos filosóficos son una reflexión de la interpretación y la expectativa que cada institución tiene del/la ministro (usada esta palabra en su sentido amplio). La pedagogía y currículo de cada institución refleja sus convicciones a priori sobre la identidad y función del/la ministro. Históricamente, la educación teológica para el ministerio se ha enfocado en tres áreas: la formación espiritual y moral,  la preparación intelectual e interpretativa y el desarrollo de destrezas  pastorales prácticas. Cada uno de estos enfoques educacionales evidencia las suposiciones del rol ministerial y, ya que la vida ministerial exige preparación en una variedad de dimensiones, la educación teológica integral es una meta noble que no es fácil de alcanzar. Obviamente, la meta de una educación ministerial comprehensiva es un equilibrio educativo que incluya la gran diversidad de dimensiones de la vida ministerial.

Construir una visión apta para el desarrollo de  ministros y ministerios maduros y saludables requiere que comprendamos la naturaleza de la relación entre la iglesia y las instituciones educacionales. Indiscutiblemente, la iglesia y las escuelas teológicas están vinculadas de maneras importantes y esenciales. Timothy Weber, traza  la  relación especial entre seminarios y cuerpos eclesiásticos cuando afirma que:

"La mayoría de seminarios fueron fundados por cuerpos eclesiásticos, o luchas dentro de comunidades eclesiásticas, o movimientos religiosos que, típicamente, maduran a cuerpos eclesiásticos. La mayoría de escuelas teológicas continúan en alguna forma de relación. No existe paralelo en otras formas de educación graduada profesional. Las escuelas de derecho no fueron fundadas por tribunales, legisladores o empresas legales. Las escuelas de medicina pocas veces fueron fundadas por hospitales. Pocas escuelas graduadas  de  negocios fueron fundadas por empresas. Las escuelas teológicas tienen una relación única con las comunidades que las fundaron."1

Aunque no todos los seminarios y escuelas de divinidades mantienen el mismo nivel de relación con la iglesia, aun las escuelas no-denominacionales tienen una alta dependencia en la vida de la iglesia para su sobrevivencia. Es decir, la iglesia en todas sus manifestaciones es el semillero del seminario. De otro modo, las escuelas teológicas (ya sean seminarios o institutos), aunque no exclusivamente, han servido como incubadoras del liderazgo de la iglesia. Debido a que la naturaleza de la relación entre la iglesia y las escuelas teológicas es tan estrecha debemos analizar detenidamente las premisas y expectativas de nuestros sistemas educativos. No solo debemos analizar la relación de la iglesia y sus subsidiarias educacionales, también debemos considerar el rol de la formación teológica en la vida del ministerio y la iglesia.

¿Cuáles son los propósitos y funciones de los seminarios, institutos bíblicos y programas de educación continuada en la formación pastoral y eclesiástica?   En el 2005  la Fundación Carnegie publicó Educating Clergy: Teaching Practices and Pastoral Imagination, este estudio es un intento de responder a una pregunta fundamental en la educación de ministros, sacerdotes y rabinos. La pregunta que sirvió de guía al estudio fue,  "¿En qué formas los seminarios fomentan entre sus estudiantes una imaginación pastoral, sacerdotal o rabínica que integra conocimiento y destrezas, integridad moral y compromiso religioso en los roles, relaciones y responsabilidades que ellos/ellas asumen en su profesión clerical"?2   Esta pregunta también es lícita para universidades, institutos bíblicos y programas de educación continuada.  La suposición inherente del estudio es que se puede definir lo que Craig Dykstra (Fundación Lilly) llama "la imaginación pastoral".  Ésta es una frase que describe  la cosmovisión del/la  ministro. El propósito de una educación teológica competente e integral no es solo realzar destrezas sino, también, formar una cosmovisión pastoral que tenga perspicacia para los retos modernos. Nuestro análisis de la influencia de la educación teológica en la vida del ministro parte de un compromiso con una imaginación pastoral integral y un sinnúmero de asunciones de lo que debe proveer una educación teológica y lo que es un/una ministro. Antes de proponer esta visión enumeraré algunos de los compromisos actuales de la educación teológica.

Algunos argumentan que la educación teológica tiene como su razón de ser la formación espiritual y ética de hombres y mujeres que sirvan a la iglesia de una forma u otra. Esta filosofía se enfoca en lo que los griegos llamaban arete, virtud o carácter moral. Los fundadores de tales instituciones se orientan hacia un camino que subraya la importancia de la formación ministerial, en particular, el desarrollo del carácter e identidad ministerial. El currículo explícito e implícito subraya el proceso de la vida devocional y piadosa, además del discipulado y mentoría. La identidad ministerial hacia la que se tiende es el/la ministro como servidor/a de Cristo y representante ejemplar del Evangelio. El currículo refleja un compromiso para moldear hombres y mujeres piadosos, de integridad, que puedan servir como ejemplos a la iglesia y sus comunidades.

Por otro lado, las palabras de San Anselmo de Canterbury, "fides quaerens intellectum", pueden servir como lema a las  instituciones de estudios teológicos que acentúan la preparación intelectual e interpretativa del/la ministro. El objetivo de dicho sistema educativo es proveer competencias en cuatro áreas generales en conjunción con materias electivas. Las tres disciplinas de mayor enfoque son: la Biblia y su interpretación, la teología sistemática y ética, y la historia de la Iglesia. La importancia de tales estudios es que proveen al/la estudiante herramientas para examinar y exponer la fe en su contexto de ministerio en maneras competentes e informadas. La identidad del/la ministro en este currículo se interpreta como el/la maestro/a o teólogo/a en residencia. Bajo este marco la tarea del pastor/a es examinar y exponer la fe en una forma integral y competente. El acento sobre los estudios críticos, ya sean clásicos o contemporáneos, es muestra de un compromiso con una fe que valoriza un proceso intelectualmente riguroso para contribuir a una iglesia educada y espiritualmente madura.

A la formación ministerial y preparación intelectual rigurosa la educación teológica coetánea también incluye la preparación del/la ministro para ejercer las dimensiones administrativas y de servicio en la congregación o lugar de trabajo. Por lo general, los cursos de homilética, cuidado pastoral y  administración eclesiástica responden a esta dimensión de educación ministerial. Este currículo también incluye experiencia de campo, ya sea un internado o un ministerio supervisado.  El enfoque en esta rama de la educación es preparar a los candidatos para la predicación, cuidado pastoral, evangelismo, crecimiento de la iglesia y la administración eclesiástica. No obstante, el objetivo es que estas prácticas se informen por una teología sistemática y ética que examine críticamente métodos, motivaciones e interpretaciones.

En la última década, muchos líderes religiosos no han acudido a los institutos o seminarios para su formación sino a talleres, encuentros y conferencias auspiciados por mega-iglesias, organizaciones para-eclesiásticas o talleres ofrecidos por figuras religiosas muy reconocidas.  Es decir, muchos de nuestros líderes se educan sobre las destrezas prácticas del liderazgo en foros o escritos de Rick Warren, Bill Hybels, César Castellanos o en congresos como Urbana, Willowcreek y Encuentro de Embajadores, entre otros. Además, varias denominaciones colaboran con instituciones como New Church Development (Desarrollo de Nuevas Iglesias), Stephen's Ministries, Instituto Latino de Cuidado Pastoral (ILCP), para proveerle a los pastores y congregaciones, herramientas en sembrar iglesias, administración, cuidado pastoral y otras áreas. Recientemente, las congregaciones y pastores han dependido mucho menos de los institutos y seminarios y han acudido a estos otros recursos que, a menudo, son menos costosos y más accesibles. Las instituciones teológicas deben asumir que esta es la trayectoria de muchas de nuestras congregaciones y, asimismo, deben pensar en posibles colaboraciones o alternativas.                              

En síntesis, los objetivos e influencia revelan una tensión histórica que, por mucho tiempo, se ha discutido en seminarios teológicos judíos entre enfoques representados por palabras como paideia (transmitir la tradición y valores de la sinagoga)  y Wissenschaft (estudios críticos y métodos modernos de investigación).  En el contexto cristiano una visión contemporánea de la educación teológica no debe producir una dicotomía entre Paideia y Wissenschaft. La pedagogía cristiana puede entrenar ministros que establezcan una vida de estudio crítico y práctica devocional y ministerial complementaria. Esta forma de pedagogía subraya la totalidad de  la vida ministerial que incluye lo intelectual, emocional y lo práctico. Es decir, la escuelas teológicas tienen la misión de, no solo ayudar a  formar el Weltenschauung (cosmovisión) del/la ministro y el ministerio cristiano sino también capacitar al/la ministro con las herramientas para examinar,  re-interpretar y articular la fe en su propio tiempo. Cualquier programa de estudio que falla en equipar al/la ministro con estas herramientas sufre de una visión confusa que limita la amplitud y profundidad del ministerio.          

¿Y Ahora Qué?: Hacia Una Visión Actualizada

La influencia de las escuelas teológicas puede ser válida en la medida en que desarrollen ministros y ministerios con un claro entendimiento de la tradición cristiana, de sus contextos y las destrezas ministeriales que sirvan en este tiempo. No obstante, se debe resistir la tentación de comprometer la calidad de la educación teológica en una forma que diluya  la capacidad de crear ministros y congregaciones competentes, misionales, equilibradas y saludables. Entonces, la pregunta clave es: ¿Cómo pueden nuestras instituciones desarrollar una filosofía,  programa o currículo que sea relevante, a la vez que no carezca de la profundidad teo-ética necesaria para construir una imaginación pastoral y congregacional saludable? Lo práctico y la formación ministerial no tienen que ser enemigos de lo intelectualmente riguroso, al contrario, deben complementarse. Es importante, entonces, desarrollar una visión integral que entienda bien los retos y recursos que existen para educar y equipar al ministerio y la congregación para la misión de la Iglesia.

Conscientes de los retos y recursos de la particularidad eclesiástica latina, en octubre del 2003,  Pulpit & Pew reunió una Cumbre Nacional de Líderes Religiosos Hispanos/as en los EEUU.  Con la  cumbre, se publicó una investigación que puede ayudar a plasmar futuras orientaciones para nuestras escuelas que sirven a la iglesia latina.  La cumbre interdenominacional de 33 líderes religiosos y académicos provee una cartografía magnífica para educadores teológicos y líderes denominacionales.  Coincidente con la cumbre se produjo un reporte, Strengthening Hispanic Ministry Across Denominations: A Call To Action,  que agrupó una serie de investigaciones que pudieron plasmar una taxonomía de los retos y prioridades estratégicas para el ministerio Latino/a en los EEUU y posibles trayectorias para las escuelas teológicas y denominaciones. El reporte nos sirve como una hermenéutica para avizorar juntos un futuro fértil para la educación teológica de nuestras comunidades Latinas.

En el programa doctoral de ética en el Seminario Teológico Unión, siempre nos enseñaron que antes de proponer respuestas debíamos entender los retos y las preguntas.  La Cumbre Nacional de Líderes Religiosos/as Hispanos/as enumera seis necesidades urgentes para la educación ministerial Latina estadounidense:

  • La pobreza y bajos niveles de educación en la comunidad Hispano-Latina
  • Educación y entrenamiento inadecuados para líderes pastorales y falta de entrenamiento para los laicos/feligreses
  • Los limitados recursos financieros e inversión en ministerios Hispano/Latinos
  • Falta de comunicación y colaboración interdenominacional. La necesidad de una infraestructura nacional de comunicaciones
  • Una demografía latina joven, en particular de 2da y 3ra generación, que es menos activa en la vida de la Iglesia
  • La diversidad Latina en términos de niveles de aculturación.3

 

Cualquier programa comprehensivo para la educación de ministros requiere que se tomen en serio los retos concretos de  las comunidades a las que sirven. Aunque nuestra comunidad tiene retos particulares también es incubadora de recursos extraordinarios.  La iglesia latina sirve como incubadora de liderazgo autóctono y proveedora de servicios sociales.  El Dr. Justo González subraya que las congregaciones latinas usualmente son las únicas instituciones estables en nuestras comunidades. La realidad de la iglesia como fuente de liderazgo y recursos en nuestras comunidades, debe llevarnos a un serio compromiso con la educación de nuestras congregaciones.

Adicionalmente, después de hacer un inventario de los recursos y retos que residen en nuestras comunidades y academias, los participantes de la cumbre detallaron unas prioridades estratégicas para la próxima década. Esta lista de prioridades estratégicas concuerdan con una visión integral de educación que se circunscribe no solo al ministro sino a toda la iglesia.

  • Mejores oportunidades para educación teológica formal
  • Entrenamiento para los laicos de manera que asuman responsabilidades de liderazgo
  • Acrecentar el desarrollo de jóvenes latinos/as de segunda y tercera generación
  • Iniciativas que ayuden a líderes eclesiásticos a animar el servicio comunitario y a abogar por las necesidades sociales de sus comunidades
  • Programas que provean destrezas administrativas a líderes laicos y pastores/as
  • Un diálogo ecuménico  nacional sobre el liderazgo pastoral Hispano/Latino/a4

 

Recientemente, el Presidente de Seminario Teológico de Princeton, Dr. Iain Torrance, junto con el Dr. Charles Kalmbach, Director de Educación Continuada, se embarcaron en un estudio que llevó a la re-orientación de los programas de educación continuada del mencionado Seminario.5 Este estudio subraya muchos de los puntos enumerados en la Cumbre Hispana.  Torrance y Kalmbach, por medio de una serie de entrevistas e investigaciones a una variedad de ministros respondieron a la siguiente pregunta, "¿Por qué muchos ministros/pastores dejan su oficio dentro de los primeros cinco años de ministerio?" La investigación resumió con claridad el reto de algunos pastores que no se sienten lo suficientemente preparados para los retos del ministerio contemporáneo.

La respuesta del Seminario Teológico de Princeton fue redefinir su departamento de educación continuada de manera que responda concretamente a los múltiples roles e identidades del ministro y a las expectativas de la iglesia y la cultura.  Torrance y Kalmbach observaron que la educación teológica se enfoca en una sola dimensión de la identidad ministerial y, a menudo, no incorpora la plenitud de roles ministeriales y deberes eclesiásticos. Ellos definieron las cuatro identidades ministeriales a las cuales la educación teológica debe responder:

  • Siervo/a de Dios inspirado y empoderado por el Espíritu Santo
    • Mayordomo/a de recursos humanos y físicos.
    • Persona pública en un contexto ecuménico;
    • Miembro de una profesión, discípulo y estudiante de por vida.6

Este estudio reflejó un retrato más complejo del rol ministerial y, por lo tanto, un llamado más comprehensivo a la educación teológica. El seminario tendrá que colaborar con iglesias, pastores/as mentores e instituciones para-eclesiásticas para llenar todas estas competencias. Al no entender el rol ministerial más allá de "pastor, profeta o maestro" se circunscribe al líder a la irrelevancia y a una misión limitada en su contexto.

Los estudios que salen de la cumbre realizada entre la Universidad de Duke y el Seminario Teológico de Princeton nos dan "un norte" hacia dónde debe dirigirse la educación teológica latina. Las prioridades subrayan que la educación teológica tiene que ser inclusiva. Es decir, una educación teológica que desea mayor influencia e impacto en la iglesia, tiene que incluir a laicos y jóvenes. Además, debe de proveer avenidas de acceso para los/las líderes que desean prepararse en estudios graduados. El futuro de  la educación teológica debe llenar vacíos en varias áreas: una formación más completa del/la ministro que incluye formación vocacional y profesional, la integración de liderazgo laico en la congregación y la educación de la juventud latina.

Un punto que no se puede ignorar es la educación de los laicos y la congregación para hacer la obra de la iglesia. Enfocarse solamente en la educación del/la ministro sería un proyecto incompleto si no agregamos, a la educación de ministros, la educación de congregaciones y denominaciones. El nivel de influencia de las escuelas teológicas seguirá disminuyendo en la medida que no tengan un plan de acción para equipar a los laicos y a los líderes de cuerpos eclesiásticos.  El enfoque en los tres niveles (el/la ministro, la congregación y la organización denominacional o conciliar), contribuye a un alcance más extenso y de mayor impacto.  Por ende, una visión actualizada para la educación teológica no solo incluye la educación integral y comprehensiva del/la ministro sino que también debe incluir un programa que educa a congregaciones y cuerpos organizacionales.

Esta visión requiere integración en varios niveles. Primero, se requiere la integración de esquemas pedagógicos que asuman la totalidad de la experiencia ministerial y congregacional. Segundo, la integración de la preparación del ministro junto con la educación de congregaciones y denominaciones. Además, cualquier visión actualizada debe tomar en serio los retos y recursos contemporáneos que rodean a la iglesia. En el caso de educadores que trabajan con la iglesia Latina el enfoque debe ser  hacia las realidades que confrontan nuestras congregaciones, líderes y pueblos latinos.

Una de las grandes necesidades para la educación teológica es la capacitación de ministros como profesionales. Los ministros contemporáneos necesitan entrenamiento en abogacía, relaciones públicas en un contexto pluralista y administración. La educación teológica, ya sea por medio de convenios con escuelas de negocios u organizaciones civiles y públicas, debe proveer recursos en la preparación profesional del/la líder. Los líderes necesitan herramientas para acceder a recursos sociales y profesionales a favor de la congregación. Es menester tener cursos contextualizados para las realidades latinas como inmigración, seguro médico, el sistema educativo y otras instituciones que tienen impacto en la Iglesia. La educación no hará al/la ministro un experto pero si lo/la preparará con los métodos y el entendimiento del pastor como persona pública y servidor/a comunitarios.

Simultáneamente, las instituciones teológicas tienen que proveer a los laicos acceso a programas educativos. La educación y entrenamiento de los laicos les capacita para asumir responsabilidades de liderazgo.  Internet y otros métodos cibernéticos pueden fomentar y facilitar el modo de llegar a las congregaciones y al liderazgo laico. La Universidad Interamericana, entre otras instituciones, ha desplegado un programa de aprendizaje a distancia que ha servido a múltiples comunidades religiosas en Puerto Rico y los Estados Unidos. Estas iniciativas significan que nuestras congregaciones necesitarán capacitación tecnológica para recibir tal educación. No obstante, la educación a distancia se debe complementar con talleres y cursos en residencia ya sea en una congregación o en la academia.

Así como el mundo ha cambiado, la influencia de las instituciones teológicas está en transición en la iglesia dentro de los Estados Unidos y el Caribe. Si los seminarios e institutos no responden a la necesidad de preparar congregaciones en los tres ámbitos (vocacional, intelectual y práctico) muchas congregaciones pensarán que estas instituciones no son relevantes.  De otro modo, no se debe sacrificar la integridad intelectual y académica en una forma que produzca ministros sin los recursos adecuados para confrontar los desafíos actuales. La iglesia sigue necesitando pensadoras y pensadores que informen y articulen la fe en cada generación. Los educadores tienen que seguir estableciendo el argumento para una fe informada y crítica. Es importante que nuestros líderes aboguen como el Proverbista, "y con todo lo que obtengas adquiere inteligencia (Prov. 4:7, Biblia de las Américas)". En una época donde los títulos académicos son fácilmente adquiridos (ya sea por internet o con agencias que no proveen una educación acreditada) es menester que se establezcan criterios y corrientes para preparar una pastoral educada y a la intelegentsia de la iglesia. Hacer esto, sin obviar la realidad de los feligreses y congregaciones nos llevará hacia una educación teológica integral, saludable y relevante. De este modo, capacitaremos a la Iglesia para la misión del Siglo XXI.                                     

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Citas bibliográficas

 

1. Timothy P. Weber, "The Seminaries and the Churches: Looking for New Relationships", en Theological Education 44, (No. 1 2008): 65.

2. Charles R. Foster, Lisa E. Dahill, Lawrence A. Goleman, Barbara Wong Tolentino, Educating Clergy: Teaching Practices and Pastoral Imagination, Media Summary (San Francisco, CA: Josey-Boss, 2005).

3. Edwin I. Hernández, Milagros Peña, Kenneth Davis, CSC, y Elizabeth Station,  "Strengthening Hispanic Ministry Across Denominations: A Call To Action" en Pulpit & Pew: Research on Pastoral Leadership  (Durham, N.C.: Duke Divinity School, 2005), 6-8.

4. Ibid., 10.

5. Torrance, Iain R., and Charles F. Kalmbach, "Moving beyond prophet, pastor, and teacher," The Presbyterian Outlook 189 (No.30).

6. Ibid.

 

 

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