A Ministry of the School of Theology and Christian Ministry—Olivet Nazarene University

Pulso Hispano

La predicación que necesitamos hoy

Preacher

El ministerio pastoral, como nunca antes, enfrenta escenarios cambiantes en los cuales debe materializarse. Por lo mismo, las diferentes facetas del ministerio están sometidas  a constantes desafíos de cambio y actualización. Sin embargo, aun con todos los cambios que se han producido en el ejercicio del ministerio en los últimos años, la predicación continúa siendo la faceta más importante. El pastor, puede ser un maestro, un administrador, un consejero o un promotor pero, si el pastor va a cumplir con su llamamiento divino, tiene que ser un predicador. La predicación no es el único quehacer del pastor, pero sí el más importante. Entre las muchas razones mencionadas para destacar la fundamental importancia de la predicación está la declaración del apóstol Pablo en 1 Corintios 1:21: "...agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (Reina-Valera 1960).

La verdadera predicación es mucho más que una repetición de la verdad. La predicación es la extensión, en nuestro tiempo, de la obra salvadora y santificadora de Cristo que es la esencia del evangelio. Emil Brunner  sostuvo que, cuando la Palabra de Dios es proclamada en fe, se produce el acontecimiento más importante en toda la tierra. Predicar es más que simplemente articular y pronunciar palabras. La predicación es un acto de Dios a través de un ser humano en el cual la obra redentora de Cristo llega a ser una realidad presente. Es la proclamación fiel del mensaje de la Biblia en tal forma que la antigua verdad llega a ser un drama moderno y triunfante.

La predicación no solamente dice algo, pero hace algo; predicar es llegar a ser parte de la misión de Cristo, quien vino a "buscar y a salvar lo que se había perdido",  Lucas 19:10. Proclamar por medio de la predicación es traer del pasado la cruz y la resurrección de Cristo hasta el presente  a un momento de decisión. La verdadera predicación trae la encarnación histórica para ser una ocasión moderna. En efecto es una re-actuación del evento redentor que describe, el redentor resucitado viene a ser el Cristo contemporáneo, el Señor viviente, que confronta a las personas hoy con su llamamiento decisivo: «Sígueme». Si la predicación de la Palabra está ungida por el Espíritu, los hechos antiguos llegan a ser realidades vivas, contemporáneas. Por medio de la predicación, Cristo juzga, salva, enseña y dirige en este día y en la hora presente, en la misma forma como El juzgó, salvó, enseñó y dirigió a los que le conocieron en Galilea y en Judea hace 2000 años.

En la verdadera predicación, las palabras de un hombre vienen a ser la Palabra de Dios. Dios habla y actúa directamente en la vida humana. Como el apóstol Pablo afirma, somos embajadores de Cristo como si Dios estuviese apelando directamente a otros por medio de nosotros (2 Co. 5:20). Lo que principia como un encuentro entre persona y persona, entre el hombre en el púlpito y el pueblo en las bancas, llega a ser un encuentro de persona a persona en el cual el hombre en el púlpito desaparece y Dios, a través de su Espíritu, individualmente se dirige a  aquellos que escuchan, lo que los católicos romanos aseguran que sucede en la misa, nosotros los protestantes, aseguramos que sucede en la predicación dirigida por el Espíritu. Es una re-actuación del sacrificio redentor de Cristo. La predicación no será lo que debe ser, a menos que sea bíblica en el sentido integral del término.

¿Qué es la Predicación Bíblica?

Desafortunadamente, mucho de la predicación actual no es realmente lo que debiera ser. Algunas veces no es más que un editorial religioso acerca de la vida y el pensamiento del hombre moderno. Con frecuencia, las enseñanzas moralizadoras han hecho de la predicación algo que, en la práctica, es subestimado, lo que se refleja en la expresión usada comúnmente cuando no nos gusta que nos regañen, y decimos: "ya me estás sermoneando".

No se requiere mucha sabiduría para entender lo que está sucediendo: la predicación ha perdido sus  raíces  bíblicas. Últimamente la predicación en vez de ser un «así ha dicho el Señor» es un «así dice el último libro que leí» o peor aún, «esta es la última idea que se me ha ocurrido». Solamente una perspectiva bíblica de lo que debe ser la predicación podrá ganar la atención que la iglesia debe tener si va a sobrevivir y a fructificar en el mundo actual.

La predicación puede ser bíblica en dos maneras: en su contenido y en su forma. En su contenido, cuando proclama lo que la Biblia enseña y, en su forma, cuando toma su dirección y expone el pensamiento de un pasaje bíblico.  Esto significa que no toda la predicación bíblica es textual o expositiva, de hecho, algunas predicaciones que son textuales y expositivas no son nada bíblicas. Pero toda la predicación bíblica se basa en el significado y en el mensaje de la Biblia misma. La predicación temática puede ser bíblica, si el tema es explorado a la luz de la enseñanza equilibrada de las Escrituras. La predicación temática pone mayor responsabilidad sobre el predicador, pues debe asegurarse que su contenido y desarrollo está verdaderamente en armonía con el mensaje total de la Biblia.

La predicación es bíblica cuando lo que se predica es lo que la Escritura enseña, cada punto debe ser examinado para estar seguros de que expresa la verdad bíblica y, por lo mismo, cada punto debe estar apoyado por referencias bíblicas directas y consistentes. Pero, además, la predicación bíblica asume una dimensión de fuerza y profundidad cuando, aun en su forma, está determinada por el pasaje bíblico que explora. La Biblia llega a ser no solamente una guía de lo que se predica sino un condicionante de cómo se predica. Es aquí donde la predicación textual y expositiva tiene ventajas y saca provecho de la forma en que la verdad se presenta en las Escrituras.

La predicación que se describe en la Biblia es predicación bíblica. Los profetas del Antiguo Testamento, de manera consistente, introducían sus mensajes con las palabras «así ha dicho el Señor». El Nuevo Testamento, de manera sugerente, identifica la predicación del Evangelio con "la predicación de la Palabra", Jesús predicaba la Palabra. La gente nunca pensó de Él como un sacerdote, pero siempre como uno de los profetas (Mt. 16:14). Una y otra vez, en el libro de los Hechos, la obra de los apóstoles se describe como la "predicación de la Palabra" (Hch. 8:4 y 25; 11:19, 13:4, 14:25, 15:35-36, 16:6, 17:3). Pablo urge a Timoteo y a todos los que le siguen a "predicar la Palabra", a instar a tiempo y fuera de tiempo, redargüir, reprender, exhortar con toda paciencia y doctrina, (2 Ti. 4:2). Claro que existe una manera legalista y mecánica de usar la Biblia que es seca y muerta, pero no dinámica. Sin embargo, la predicación que toma un  pasaje o un tema, explora sus implicaciones y aplica su mensaje, no puede menos que lograr los propósitos por los cuales Dios mandó su Palabra. La predicación bíblica se puede mover en dos direcciones: por un lado, puede seleccionar y anunciar un pasaje específico y aplicar consistentemente su verdad a las vidas de sus oyentes o, por otro lado, puede principiar con un problema reconocido e ir a la Biblia para ver la solución. La predicación de hoy, como dijo Karl Barth, debe ver la vida con la Biblia en una mano y el periódico en la otra.

Así como hay un plan que se desarrolla a través de la Biblia también la predicación bíblica es una predicación que se planifica. Los planes son tan variados como los hombres que los hacen, lo importante es que haya un plan. Los planes, por supuesto, están sujetos a cambios que el Espíritu Santo sugiere pero, el predicador que planifica su trabajo desde el púlpito con la debida anticipación y que mantiene ese plan en mente, ya tiene la mitad de su preparación terminada. Los sermones que se planifican con anticipación pueden crecer y crecen para ser verdaderos mensajes bíblicos. Y, cultivar sermones o mensajes, es mucho mejor que construirlos. Los planes de predicación pueden consistir de series  cuya temática sea explorar libro por libro, capítulo por capítulo, párrafo por párrafo; o series de grandes temas, grandes pasajes o personalidades; pueden ser cursos de sermones, puede ser que el pastor quiera anunciar las series o sencillamente tenerlas para referencia personal. Parte de la planificación para el fututo debe ser una revisión del pasado. ¿Cuáles son las temáticas que ya se cubrieron en ocasiones anteriores? ¿Cuáles son los énfasis que se han dado? ¿Qué libros ya se han estudiado? Preguntarse si los creyentes tuvieran solo este ministerio desde el púlpito, de donde ellos tienen que derivar toda su comprensión de la fe cristiana, ¿qué clase de fe tendrían? ¿Cuáles son los temas importantes que ya se han considerado? Más aun, ¿cuáles son los temas importantes de la Biblia que se han pasado por alto? Como sea que se planifique, lo importante es que haya un plan.

Las ventajas de la Predicación Bíblica

Mucho de lo que ya hemos expresado ha resaltado algunas ventajas o valores de la predicación bíblica. Enfoquemos ahora sobre una breve lista de ventajas específicas. Hay ventajas para el que escucha así como para el que predica.

  1. La predicación bíblica ayuda en la edificación, la permanencia y la madurez espiritual de la iglesia. ¿Por qué es que muchos pensamos que podemos atraer al auditorio y atraer la atención de la gente sustituyendo las Escrituras por la psicología popular, la filosofía o la política? La gente no viene a la iglesia para oír alguna idea que está de moda, ni para escuchar los adelantos o logros de su propio grupo religioso en particular o para escuchar anuncios de la comunidad o cómo anda la familia del pastor; ellos vienen a escuchar la Palabra de Dios, algo que les ayude a iluminar la vida en su curso diario, algo que les ayude a salir de la iglesia con una visión más alta, con horizontes más amplios, con una esperanza más segura y con una determinación purificada de hacer la voluntad de Dios, tal como el predicador se las presente. Darles otra cosa, que no sea esa Palabra, es darles piedras en vez de pan o una serpiente en vez de un pescado. La predicación bíblica educa a la congregación en las verdades esenciales de la sana doctrina. Para muchos, la Biblia no es más que un proyecto de estudio para eruditos, por lo mismo, muy raramente permitirán que el conocimiento bíblico de las bancas sobrepase al conocimiento bíblico que está en el pulpito. La falta de conocimiento, el analfabetismo espiritual de nuestros días podría ser curado por medio de un ministerio de predicación bíblicamente fundamentado.
  2. La predicación bíblica estimula la variedad en el ministerio del pastor. Predicar la Biblia fiel y sistemáticamente es encontrar una infinidad de temas en su desarrollo. Es imposible aburrir a una congregación con la misma idea todo el tiempo o con los mismos temas cuando estamos predicando la Palabra de Dios sistemática y fielmente. No hay tal cosa como la aflicción de no saber qué predicar el siguiente domingo, porque frente a nosotros hay una fuente constante para la predicación que es ilimitada en todo sentido. Hay un semillero de textos y temas tan diversos en naturaleza y en producción. El estudio fiel y la predicación de cualquier porción de la Palabra de Dios, nos dejará notar una variedad de temas básicos y aplicaciones a todo tipo de necesidades humanas. Los deberes prácticos de los cristianos serán expuestos, no por el capricho del predicador, sino porque emergen de la exposición fiel de la Palabra. Las prevenciones y las promesas se expondrán no a la fuerza, sino que brotarán muy naturalmente de la Palabra misma.
  3. La predicción bíblica hace del púlpito algo realista y práctico. El propósito de las Escrituras es adoctrinar, redargüir, reprender, corregir, exhortar, instruir, para que el hombre de Dios, como dice Pablo, "...sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Ti. 3:17). Algunas veces predicar acerca de la Biblia se confunde con predicación bíblica. El predicar acerca de la Biblia, de hecho, puede ser algo muy abstracto, muy técnico y sin mucho valor espiritual pero, como solía decir John Knox, cuando la predicación es auténtica deviene relevante. Lo inverso, también es verdad, si no tiene relevancia, tampoco es bíblica.

La única predicación que el pueblo de Dios debe escuchar es la predicación que brota de la Palabra, es decir, una predicación bíblica. Los pastores estamos en la delicada responsabilidad de entregar a nuestros rebaños, con fidelidad y semana a semana, el mensaje fundamentado en la revelación de Dios, tal como está contenido en la Escritura. Que el Señor nos ayude a ser diligentes en esta tarea, para bendición de la iglesia.

PREGUNTAS PARA EL DIALOGO:

  1. ¿Estamos de acuerdo en el hecho de que la predicación cristiana actual ha perdido sus raíces bíblicas? ¿Cuáles rasgos dan evidencia de esta situación?
  2. ¿Cuáles serían algunas de las causas que han determinado la ausencia de la predicación bíblica en la iglesia actual?
  3. ¿Se puede establecer una relación de causa-efecto entre la actual crisis de la predicación bíblica y los perfiles de pastor más "reconocidos" o "valorados" en la iglesia contemporánea?

 

 

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