A Ministry of the School of Theology and Christian Ministry—Olivet Nazarene University

Pulso Hispano

El doctor Juan Stam, con la solidez bíblica y consistencia teológica que le caracteriza, nos plantea ciertas consideraciones básicas que debemos tomar en cuenta cuando nos aproximamos al tema de la homosexualidad, desde una perspectiva evangélica. Formidable recurso para que reflexionemos y dialoguemos.      

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La homosexualidad: Algunas consideraciones exegéticas, hermenéuticas, pastorales y eclesiales



Hoy en día, para muchos cristianas y cristianos evangélicos, el tema de la homosexualidad [1] es el más espinoso y angustioso de todos.  Como evangélicos, herederos de la Reforma protestante, respetamos con toda seriedad el testimonio de las Sagradas Escrituras como nuestra norma de fe y conducta. Por otro lado, nos encontramos muy desafiados por la revolución sexual de nuestro tiempo y específicamente por los debates actuales sobre la homosexualidad.  Somos sensibles — o debemos serlo — al valor humano y la situación delicada de este sector poblacional de nuestra sociedad actual. Algunos tenemos parientes o cercanos amigos y amigas que son homosexuales, y sufrimos con ellos su difícil situación.

Dada la importancia central del problema bíblico, comenzaré con ese aspecto. Intentaré analizar las evidencias bíblicas, primero, desde una perspectiva exegética y, después, desde la perspectiva hermenéutica, para terminar con unas observaciones eclesiales. Por “exegética” voy a entender, para efectos de este ensayo, el esfuerzo de aclarar el texto lo mejor posible en su contexto original de hace muchos siglos. En lenguaje evangélico, significa escuchar atentamente “lo que Dios dijo” a su pueblo en aquel entonces. Para esto, es esencial la exégesis histórico-gramatical.  Por “hermenéutica” vamos a entender la relectura fiel de ese mismo mensaje ahora para nuestro contexto actual. Significa “escuchar lo que Dios está diciendo”, aquí y ahora  en el mismo texto. [2]

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La adoración en la iglesia hispana contemporánea

Entre las muchas metáforas que se han usado para graficar la realidad de la iglesia, está la del cuerpo.  El apóstol Pablo usó esta figura para explicar la naturaleza de la iglesia, cuando les escribió a varias de las congregaciones de su tiempo (1).  El cuerpo, como todo organismo vivo, requiere ser examinado con periodicidad para evaluar su estado de salud.  Para ello, es muy importante definir cuáles son los signos vitales que han de permitir un diagnóstico adecuado de la salud del organismo bajo estudio.

En lo que atañe a la iglesia, hay varios signos vitales que haríamos bien en revisar periódicamente para auscultar su estado de salud: la comunión, la evangelización, el discipulado, el servicio, la adoración, entre otros.  En esta ocasión, por razones de espacio, nos proponemos explorar uno de estos signos vitales: la adoración. Una precisión más: somos conscientes de que, desde una perspectiva bíblica, la adoración como signo vital en la vida del pueblo de Dios, tiene una doble dimensión: la dimensión cúltica (que normalmente denominamos culto) y la dimensión testimonial o encarnacional (que se expresa en un estilo de vida) (2). Ambas dimensiones, de acuerdo al testimonio bíblico, deberían influenciarse mutuamente y forjarse en una relación de consistencia porque cuando se produce un divorcia entre ellas, la adoración deviene en un obstáculo para la salud de la iglesia y en un distractor de la misión que ésta tiene en el mundo. Dejamos para otra oportunidad, la dimensión encarnacional de la adoración de la iglesia, enfocando nuestra reflexión, esta vez, en la adoración cúltica o culto.

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El día de la Reforma Protestante y el sacerdocio de todos los creyentes

Para muchos de los estudiosos de la Reforma Protestante del siglo XVI, los énfasis centrales de este movimiento fueron cinco: Cristo solo (solus Christus), la Escritura sola (sola Scriptura), la gracia sola (sola gratia), la fe sola (sola fide) y la gloria de Dios sola (soli Deo Gloria). Sin embargo, hay buena base para afirmar que, además de estos énfasis fundamentales, los reformadores también dieron un lugar prominente a una doctrina que (por razones que daremos más adelante) podría ser considerada la Cenicienta tanto de la Reforma clásica como del movimiento evangélico en el momento actual. Nos referimos a la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes, también denominado sacerdocio universal o común.

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¿Es bíblico tener apóstoles hoy?

Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente "enviar". Por eso, 1) el sentido más general de apostolos(1), es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). 2) Un aspecto más específico de este sentido  ocurre en 2 Co 8:23 y Flp 2:25, cuando mencionan "los mensajeros de las iglesias" (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. 3) En tercer lugar, la palabra significa "misionero", que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, "enviar"). En este sentido, Jesucristo es el "misionero" enviado por Dios (2). Como veremos más adelante, Cristo no era "apóstol" en el mismo sentido que los doce, sino como "enviado" y "misionero" del Padre y prototipo de la misión de la iglesia. (3) 4) El cuarto sentido, es lo que generalmente entendemos por "los apóstoles", como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.

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Una seria mirada a la salud de la clase ministerial


Entrevista a Carla Sunberg

El gozo y el sacrificio del ministerio ilustran la fuerte tensión que existe en la vida del ministro. Por un lado, un gozo profundo irrumpe del interior del ministro cuando él o ella bautizan y bendicen a los que han sido encomendados a su cuidado pastoral. Por otro lado, preocuparse profundamente por los que están enlodados en el mal sistémico, y atestiguar de primera mano el dolor sobrecogedor en las vidas de los que él o ella aman encarecidamente, deja a los ministros preguntándose si podrán continuar en el ministerio. Esa es la experiencia de muchos ministros.

Durante los últimos veinte años, varios estudios investigativos han identificado patrones de enfermedades emocionales y mentales entre los ministros profesionales los cuales han sido comparados con la población en general. Muchas denominaciones, incluyendo la Iglesia del Nazareno, han respondido con recursos y estructuras de apoyo apropiados. Los ministros no siempre piden ayuda, pero la ayuda está disponible. En fecha reciente, los investigadores han fijado su atención en la salud física de la clase ministerial.

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La predicación expositiva: la iglesia en el camino a Emaús

 

Para los discípulos de Jesús que aparecen en el relato del evangelista Lucas (1), la semana anterior había transcurrido con inusual rapidez. Cada día los había sorprendido con algún evento difícil de entender, menos aceptar. De manera especial, los últimos, habían sido los días más extraños y desconcertantes. El viernes, había quedado grabado con la marca de la muerte. Pero, no cualquier muerte sino, nada menos, que con la muerte de su líder, maestro y, sobre todo, del que consideraban el mesías de Israel (2). El sábado, había transcurrido en medio de una atmósfera casi asfixiante de silencios y miradas que reflejaban estupor y decepción. El domingo traía su propio matiz y, con toda probabilidad, llegó a constituir el peor día: Para los judíos, el domingo era similar a nuestro actual día lunes, por lo tanto, todo debía “volver” a la “normalidad”. Los sueños de un cambio radical de la situación de Israel se habían truncado, ahora había que volver a ser realistas y cada quien a lo suyo. Poco importan las “buenas noticias” de un grupo de mujeres que, habiendo ido al sepulcro, empezaron a decir que “él vive” (3). Lo único “real”, según estos discípulos y basándose en el testimonio de los otros compañeros que fueron al sepulcro, es que “a él no le vieron” (4).

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