Altar y altares: definiendo el compromiso cristiano

La palabra altar evoca, de manera general, un lugar que sirve de escenario para un encuentro particular con el propósito de hacer una decisión crucial. El diccionario nos dice que la palabra altar se refiere a un "monumento dispuesto para inmolar la víctima y ofrecer el sacrificio". Como puede notarse, la connotación que se deriva de esa definición, está asociada con el culto o adoración religiosa y, en lo que concierne a los cristianos, pareciera que se da por sentado que, con la palabra altar, siempre hacemos referencia al culto que se ofrece a Dios.
Si hacemos una somera exploración a la mención explícita de esta palabra en las páginas de la Escritura, encontraremos que, de manera reiterada, la asociación que vincula altar con el culto a Dios es enfática. Desde el primer libro de la Biblia se registra que, al salir del arca en obediencia al mandato de Dios, lo primero que hizo Noé fue edificar un altar y, sobre él, ofrecer holocausto de animales limpios a Dios. (1) Más tarde, en un momento significativo para el pueblo del pacto, después de haber salido de la esclavitud, el Señor ordena a Moisés: “Me harás un altar de tierra, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas. En todo lugar donde yo haga que se recuerde mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.” (2) Cómo pasar por alto, aquella emocionante experiencia de reencuentro que significó el retorno del exilio babilónico. Los hijos de Israel, una vez establecidos en sus respectivas ciudades, se congregaron en Jerusalén, “Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel, con sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, varón de Dios.” (3) La alabanza y el testimonio, que constituyen partes fundamentales de la adoración, tal como se describe en el libro de los salmos, tienen como escenario indiscutible el altar. (4) En el Nuevo Testamento, la figura del altar irrumpe, además, como lugar de manifestación especial de Dios. Mientras Zacarías, el sacerdote, ministraba, un ángel del Señor se le apareció “a la derecha del altar del incienso” y le dio la buena noticia del nacimiento de su hijo Juan. (5) Apocalipsis, cierra con una revelación de la portentosa presencia de Dios, quien muestra el ejercicio de su señorío por siempre. En ese contexto, el altar aparece asociado a esa presencia indescriptible de nuestro Dios. (6)







