EL DISCIPULADO CRISTIANO

En la vida de Jesús es obvio que el “hacer discípulos” fue el centro del centro. Me atrevería a decir que no hubo aspecto de su ministerio tan importante como el discipulado. Claro, El vino a morir por nuestros pecados y resucitar de los muertos para nuestra justificación; pero todo eso lo hizo en un fin de semana, en cuanto al tiempo se refiere. También Él enseñaba, se entrevistaba con personas como Nicodemo y la samaritana, se metió en tamaños pleitos y polémicas. Pero en cuanto al tiempo que les dedicó, y en cuanto a su importancia crucial como estrategia misionera, el hacer discípulos recibió el lugar privilegiado en el ministerio de Cristo. Él siempre tuvo tiempo para ellos, y a veces se retiraba “aparte” con ellos para darles su atención completa. Los formó a su imagen y semejanza y los preparó para dejar la obra en sus manos. Hacer eso fue el meollo de su ministerio. Y creo firmemente que también hoy en la labor nuestra, en la proyección de la misión de la iglesia, el hacer discípulos demanda esa prioridad.






